The threads laid
Los hilos tendidos
The exhibition 'Constellations and Drifts' (FEMSA Collection), at MARCO in Monterrey, proposes an imaginative reading of Latin American art
La muestra ‘Constelaciones y derivas’ (Colección FEMSA), en el MARCO de Monterrey, propone una lectura imaginativa del arte latinoamericano
30.4.2026
By Nicolás Cabral for La Tempestad
Por Nicolás Cabral para La Tempestad

Recent discussions about the fate of a private collection containing landmark works of modern Mexican painting—the Gelman affair—inevitably centered on patrimonial concerns and legal implications, could also serve as an opportunity to rethink collecting from more compelling angles. After walking through Constelaciones y derivas. Arte de América Latina desde la Colección FEMSA at the Museo de Arte Contemporáneo de Monterrey (MARCO), one of Walter Benjamin’s idiosyncratic ideas on the subject came to mind, from “Unpacking My Library” (1931):

“Children always possess the capacity to renew existence as a practice repeated a hundredfold, never surrendered to paralysis. This is why, for children, collecting is merely one process of renewal; others include painting objects, cutting them out or tracing them—indeed, the entire range of childish modes of appropriation, from grasping to naming. And indeed, renewing the old world constitutes the deepest impulse behind the collector’s desire to acquire new things…”

Benjamin had little to say about institutional collections, yet it is not difficult to connect the childlike sense of renewal in this passage to the attitude of a curator approaching, with fresh eyes, a corporate collection initiated in 1977 that has continued to grow and diversify. The Colección FEMSA began as a modern collection but is now also contemporary, thanks to the mediation of fifteen biennials and the constant acquisition of significant works by Latin American artists, particularly Mexican ones.

This is made clear from the opening of Constelaciones y derivas, which welcomes visitors with El maizal (Milpa seca) (1955) by Dr. Atl—the inaugural work of the collection—before giving way to Objetos de mi jardín (2024) by Miguel Fernández de Castro. Both works speak of territory, though with very different concerns: the former evokes the rural landscape and its identity-based relationship to Mexican-ness; the latter presents found objects from the Sonoran Desert, speaking instead of heat, violence, and migration.

“One of the most important things about having a collection is establishing how to disseminate it, how to share it, how to make it dialogue with what happens outside it,” notes Laura Pacheco, the collection’s manager.

The curatorial work of Paulina Bravo, Beto Díaz Suárez, Eugenia Braniff, and Adriana Melchor sidesteps hegemonic narratives of Latin American art through the concepts embedded in the exhibition’s title. The constellation—so dear to Benjamin—breaks chronological linearity through the juxtaposition of works from different origins, creating configurations that generate new meanings.

The exhibition’s five thematic axes—“Territories,” “Colonial Structures,” “Debating Abstraction: Geometry and Form in Latin America,” “Alchemy,” and “Identities”—constellate aesthetics, imaginaries, and political anxieties, while also inviting the viewer into a dérive, recalling the Situationists’ effort to create new narratives within the city, understood here as an allegory for art history, with its fixed pathways, edges, districts, nodes, and landmarks.

At once precise and subtle, the exhibition design by architects Mauricio Mesta and Max von Werz assembles works and spaces in ways that allow unprecedented dialogues within MARCO’s galleries. Thus, José Clemente Orozco and Paloma Contreras enter into an unusual resonance within “Colonial Structures.” An enigmatic communication unfolds among the formal explorations of Lygia Clark, Manuel Felguérez, Gego, and Vivian Suter in “Debating Abstraction.”

Within “Territories,” Néstor Jiménez and Damián Ortega contrast their visions of Mexican modernity. The industrial nightmares of Juan O’Gorman become the reverse side of the dreamscapes of Remedios Varo in “Alchemy.”

“What excites us about this new vision,” Beto Díaz Suárez explained, “is highlighting the stories that remained on the margins of the grand narrative of art history, such as queer experience and Indigenous perspectives.” Thus, within the “Identities” section, Club discreto (2022) by Alan Sierra encounters paintings by Abraham Ángel and Remigio Valdés de Hoyos.

Constelaciones y derivas, which after its run at MARCO in Monterrey will travel to the Museo Amparo, places singular works of Latin American art before our eyes. Pieces from the 15th Bienal FEMSA coexist in the galleries with works acquired half a century ago. This renewed framework of interpretation disregards distinctions between the modern and the contemporary, weaving instead a network in which every element confronts the present.

The viewer is given the opportunity to establish relationships among poetics, cultures, and temporalities—to draw connections and construct their own images, as Benjamin proposed in The Arcades Project (1927–1940): “It is not that what is past casts its light on what is present, nor what is present upon what is past; rather, the image is that wherein what has been comes together in a flash with the now to form a constellation.”

Constelaciones y derivas. Arte de América Latina desde la Colección FEMSA is on view at the Museo de Arte Contemporáneo de Monterrey through August 9, 2026.

Las recientes discusiones sobre el destino de una colección privada con obras señeras de la pintura moderna mexicana –el affaire Gelman–, centradas inevitablemente en cuestiones patrimoniales e implicaciones legales, podrían servir para volver a pensar, desde aristas más interesantes, el asunto del coleccionismo. Tras recorrer Constelaciones y derivas. Arte de América Latina desde la Colección FEMSA, en el Museo de Arte Contemporáneo de Monterrey (MARCO), vino a mi encuentro una de las idiosincrásicas ideas de Walter Benjamin sobre el tema (“Voy a desembalar mi biblioteca”, 1931):

Los niños siempre disponen de la renovación de la existencia como de una práctica centuplicada, nunca entregada a la parálisis. Y de ahí el que para los niños el coleccionismo es solamente un proceso de renovación; otros son, por ejemplo, el pintar los objetos, recortar o calcar, incluyendo ahí toda la escala de los modos infantiles de apropiarse de algo, desde el agarrar hasta el nombrar. Y en efecto, renovar el mundo antiguo constituye el impulso más profundo en el deseo del coleccionista de adquirir cosas nuevas…

Benjamin tuvo poco que decir sobre los acervos institucionales, pero no es difícil asociar el sentido de renovación infantil del pasaje anterior a la actitud de un curador que se dispone a leer, con ojos frescos, una colección corporativa iniciada en 1977 y que no ha dejado de crecer y diversificarse. La Colección FEMSA comenzó siendo moderna pero hoy es también contemporánea, gracias a la intermediación de 15 bienales y la incesante adquisición de obras relevantes de artistas latinoamericanos, especialmente mexicanos. Lo deja claro el inicio de Constelaciones y derivas, que nos recibe con la pintura El maizal (Milpa seca) (1955) del Dr. Atl –la obra inaugural de la colección– para dar paso a la instalación Objetos de mi jardín (2024), de Miguel Fernández de Castro. Ambas hablan de territorio, pero con preocupaciones muy distintas: en una, el paisaje rural y su vínculo identitario con lo mexicano; en la otra, objetos encontrados en los alrededores del desierto de Sonora que hablan de calor, violencia, migración.

“Algo muy importante de tener un acervo es establecer cómo difundirlo, cómo compartirlo, cómo hacerlo dialogar con lo que pasa fuera de él”, plantea Laura Pacheco, gerente de la colección. La curaduría de Paulina Bravo, Beto Díaz Suárez, Eugenia Braniff y Adriana Melchor esquiva los relatos hegemónicos del arte latinoamericano a través de los conceptos incluidos en el título de la exposición. La constelación, tan cara a Benjamin, rompe con la linealidad cronológica a través de la juxtaposición de piezas de distintas procedencias, en configuraciones que propician la aparición de nuevos significados. Los cinco ejes de la muestra –“Territorios”, “Estructuras coloniales”, “Debatiendo la abstracción: geometría y forma en América Latina”, “Alquimia” e “Identidades”– constelan estéticas, imaginarios y ansiedades políticas, pero además plantean al espectador una deriva, con la que los situacionistas buscaban crear nuevas narrativas en la ciudad, entendida aquí como alegoría de la historia del arte, con sus inamovibles sendas, bordes, distritos, nodos e hitos.

A la vez precisa y sutil, la museografía de los arquitectos Mauricio Mesta y Max von Werz ensambla obras y espacios para permitir diálogos inéditos en las salas del MARCO. Así, José Clemente Orozco y Paloma Contreras entran en una extraña sintonía en “Estructuras coloniales”. Una comunicación enigmática se produce en el despliegue de formas de Lygia Clark, Manuel Felguérez, Gego o Vivian Suter en “Debatiendo la abstracción”. En “Territorios”, Néstor Jiménez y Damián Ortega contrastan sus visiones de la modernidad mexicana. Las pesadillas industriales de Juan O’Gorman son el reverso de las ensoñaciones de Remedios Varo en “Alquimia”. “Algo que nos entusiasma de esta nueva visión”, adelantó Beto Díaz Suárez, “es exaltar las historias que se quedaron al margen del gran relato de la historia del arte, como la experiencia cuir y de los pueblos originarios”; así, dentro del núcleo “Identidades”, el Club discreto (2022) de Alan Sierra se encuentra con las pinturas de Abraham Ángel y Remigio Valdés de Hoyos.

Constelaciones y derivas, que después de su estancia en el MARCO de Monterrey se trasladará al Museo Amparo de Puebla, coloca ante nuestros ojos obras singulares del arte latinoamericano. Piezas de la 15 Bienal FEMSA (2024) cohabitan las salas con obras adquiridas hace medio siglo. El renovado contexto de lectura ignora las distinciones entre lo moderno y lo contemporáneo y teje una red donde cada elemento confronta el presente. El espectador tiene la posibilidad de establecer relaciones entre poéticas, culturas y tiempos, de tender hilos y construir sus propias imágenes, como propuso Benjamin en Obra de los pasajes (1927-1940): “no es que lo pasado venga a volcar su luz en lo presente, o lo presente sobre lo pasado, sino que la imagen es aquella en la cual lo sido se une como un relámpago al ahora para formar una constelación”.

Constelaciones y derivas. Arte de América Latina desde la Colección FEMSA se exhibe en el Museo de Arte Contemporáneo de Monterrey (MARCO) hasta el 9 de agosto de 2026

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