

A photograph by Kati Horna can begin with a completely ordinary scene and end up feeling strange, poetic, or even surreal. This unique way of seeing the world is precisely the essence of Kati Horna. "The Unusual is the Everyday ," the new exhibition at the Palace of Fine Arts Museum, spans six decades of work by one of the most important photographers of the 20th century in Mexico. The exhibition will be on view from October 22, 2026, to February 7, 2027 , and will be the first major retrospective dedicated to the photographer in Mexico City.
Kati Horna was born in Budapest in 1912 and began her training in Hungary, Berlin, and Paris, in a Europe experiencing avant-garde movements and profound political upheaval. Her career took a particularly significant turn during the Spanish Civil War , where she photographed the conflict from a perspective quite different from the typical epic war image. Instead of focusing solely on the battles, her work paid attention to everyday life, to the people, and to those small gestures that persisted even amidst the devastation.
In 1939, she arrived in Mexico , the country where she would live the rest of her life and develop much of the work for which she is known today. Here, she became part of an artistic community that included figures such as Leonora Carrington, Remedios Varo, Mathias Goeritz, Germán Cueto, Salvador Novo, and Alejandro Jodorowsky , many of whom also ended up in front of her camera. Her legacy is enormous: upon her death in Mexico City in 2000, she left behind more than 20,000 negatives and around 3,000 original prints .
The exhibition , curated by Yolanda Guasch Marí and Daniel Garza Usabiaga , traces different periods of Horna's career, from his early years in Europe to the decades in which he built much of his visual universe in Mexico. It will not be just an exhibition of documentary photography. One of the things that makes Horna so interesting is that he constantly blurred the lines between reality and fiction. Throughout the exhibition , documentary footage, photomontages, staged scenes, portraits, and photographic series will appear , showing how an everyday scene could be transformed into something completely different through his lens.
The exhibition also explores her relationship with Surrealism, her connections with Mexican artists and writers, her photo essays, and her role as a teacher —an aspect often overlooked when discussing her work. The accompanying catalogue even dedicates a section of its essays to examining how she used photography to preserve memory and transform ordinary scenes into new narratives.
Horna began teaching photography at the Universidad Iberoamericana in the late 1950s and later taught at the National School of Visual Arts of the UNAM and at the San Carlos Academy. In other words, his influence extended beyond the photographs he produced to subsequent generations of photographers.
Horna was part of the community of European artists who found refuge in Mexico around the time of World War II and maintained a close relationship with Leonora Carrington and Remedios Varo . But instead of photographing them solely as great artists, her camera also captures them playing, experimenting with costumes, masks, and everyday objects. Among the images the museum has already released are a portrait of Remedios Varo wearing a Leonora Carrington mask and a photomontage featuring Carrington herself.
And that's precisely where the spirit of the title comes in: for Horna, the strange wasn't necessarily separate from daily life . It could appear inside a house, in a doll, in a market, on a friend's face, or in a photograph constructed almost like a small cinematic scene. Her photojournalism was also distinguished by its search for details capable of humanizing those she photographed, while in other works she used sequences of images to construct narratives bordering on fiction.
Between wars, exiles, surreal friendships, photomontages, and domestic scenes, Horna spent decades demonstrating that a photograph could function simultaneously as a document and as a form of imagination. And now we have until February to explore that story at the Fine Arts Museum.
Una fotografía de Kati Horna puede empezar con una escena completamente cotidiana y terminar sintiéndose extraña, poética o incluso surrealista. Esa manera tan particular de mirar el mundo es justamente el centro de Kati Horna. Lo insólito es lo cotidiano, la nueva exposición del Museo del Palacio de Bellas Artes que recorre seis décadas de la obra de una de las fotógrafas más importantes del siglo XX en México. La exposición podrá visitarse del 22 de octubre de 2026 al 7 de febrero de 2027 y será la primera gran retrospectiva dedicada a la fotógrafa en CDMX.
Kati Horna nació en Budapest en 1912 y comenzó su formación entre Hungría, Berlín y París en una Europa atravesada por las vanguardias y enormes cambios políticos. Su carrera tomó un giro especialmente importante durante la Guerra Civil española, donde fotografió el conflicto desde una perspectiva muy distinta a la imagen épica de guerra. En lugar de concentrarse únicamente en los enfrentamientos, su trabajo prestó atención a la vida cotidiana, a las personas y a esos pequeños gestos que seguían existiendo incluso en medio del desastre.
En 1939 llegó a México, país donde viviría el resto de su vida y desarrollaría buena parte de la obra por la que hoy la conocemos. Aquí se integró a una comunidad artística que incluía figuras como Leonora Carrington, Remedios Varo, Mathias Goeritz, Germán Cueto, Salvador Novo y Alejandro Jodorowsky, muchos de los cuales también terminaron frente a su cámara- Su legado es enorme: al morir en Ciudad de México en 2000 dejó más de 20 mil negativos y alrededor de 3 mil impresiones originales.
La exposición está curada por Yolanda Guasch Marí y Daniel Garza Usabiaga y recorre diferentes momentos de su trayectoria, desde sus primeros años europeos hasta las décadas en las que construyó buena parte de su universo visual en México. No será sólo una exposición de fotografía documental. Una de las cosas que hacen tan interesante a Horna es que constantemente cruzaba las fronteras entre realidad y ficción. A lo largo del recorrido aparecerán registro documental, fotomontajes, puestas en escena, retratos y series fotográficas, mostrando cómo una escena cotidiana podía transformarse en algo completamente distinto a través de su mirada.
El recorrido también explora su relación con el surrealismo, sus vínculos con artistas y escritores mexicanos, sus fotoensayos y su faceta como profesora, algo que suele quedar fuera cuando hablamos de ella. El catálogo creado para acompañar la muestra incluso dedica parte de sus ensayos a estudiar cómo utilizó la fotografía para preservar memoria y transformar escenas comunes en nuevas narrativas.
Horna comenzó a enseñar fotografía en la Universidad Iberoamericana a finales de los cincuenta y posteriormente dio clases en la Escuela Nacional de Artes Plásticas de la UNAM y en la Academia de San Carlos. Es decir, su influencia no quedó únicamente en las fotografías que produjo, sino también en generaciones posteriores de fotógrafos.
Horna formó parte de la comunidad de artistas europeos que encontraron refugio en México alrededor de la Segunda Guerra Mundial y mantuvo una relación cercana con Leonora Carrington y Remedios Varo. Pero en lugar de fotografiarlas únicamente como grandes artistas, su cámara también las muestra jugando, experimentando con disfraces, máscaras y objetos cotidianos. Entre las imágenes que el museo ya ha adelantado está un retrato de Remedios Varo utilizando una máscara de Leonora Carrington y un fotomontaje protagonizado por la propia Carrington.
Y justamente ahí aparece el espíritu del título: para Horna, lo extraño no necesariamente estaba separado de la vida diaria. Podía aparecer dentro de una casa, en una muñeca, en un mercado, en el rostro de un amigo o en una fotografía construida casi como una pequeña escena cinematográfica. Sus reportajes también se distinguieron por buscar detalles capaces de humanizar a quienes fotografiaba, mientras que en otros trabajos utilizó secuencias de imágenes para construir relatos cercanos a la ficción.
Entre guerras, exilios, amistades surrealistas, fotomontajes y escenas domésticas, Horna pasó décadas demostrando que una fotografía podía funcionar al mismo tiempo como documento y como imaginación. Y ahora tenemos hasta febrero para recorrer esa historia dentro de Bellas Artes.