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Olaf Breuning
Olaf Breuning - Violet Butterflies
Violet Butterflies
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Mariposas violetas de Olaf Breuning
Por Vera Castillo

Para Olaf Breuning (Schaffhausen, Switzerland, 1970) —artista multidisciplinario que explora distintos medios como la fotografía, el dibujo, la pintura y la escultura— la vida es el impulso más fuerte para la creación de su obra. Esta postura se vislumbra en la exposición Violet Butterflies, que reúne una parte de su producción pictórica, escultórica y de dibujo, llevada a cabo a lo largo de distintos periodos de su carrera artística. En su obra es posible notar un interés especial por la representación de elementos naturales, pero también de grupos humanos recreando escenas de la vida cotidiana, todo ello con un toque de humor y crítica que, a lo largo de los años, se han vuelto elementos característicos de su obra. 

Para esta exposición, Breuning presenta esculturas elaboradas con dos materiales: piedra tallada y cerámica. El recorrido comienza con obras de la serie titulada Sad and Worried Animals, obras escultóricas talladas en distintos tipos de piedra, como la cantera o la piedra negra americana, que representan animales con una gestualidad que roza lo humano. Sus ojos  cristalinos se elevan en una mirada suplicante, mientras la comisura de los labios se traza con precisión hacia abajo, creando así una expresión de inquietud contenida. En este punto pareciera que los animales intuyen un desenlace inminente, ajeno a su control sobre el entorno que habitan. Breuning parte de la imposibilidad de los animales para articular verbalmente los efectos de las transformaciones provocadas por la humanidad en sus hábitats, y por ello enfatiza la expresividad del cuerpo como vehículo de comunicación. Aunque parecen sometidos a un destino impuesto, los animales de las esculturas de Breuning sugieren también una agencia latente: participan activamente en procesos de adaptación frente a las tensiones de un mundo atravesado por dinámicas económicas que erosionan progresivamente el medio ambiente, y lo muestran en su gestualidad. Lejos de una simple humanización, las esculturas proponen una atención a la corporalidad subrayando una presencia que alude a la empatía y la extrañeza.

El tratamiento de la piedra es un aspecto particularmente interesante en la obra escultórica de Olaf Breuning. Cada pieza es tallada en función del tipo de animal que representa, el color y la textura propios de cada roca, a la que además incorpora ojos elaborados en cerámica. Breuning elige la piedra por tratarse de un material persistente y duradero en un mundo que cambia a una velocidad apresurada. Asimismo, toma como referencia pequeñas esculturas peruanas de formas animales talladas en esteatita por tratarse de objetos que representan seres a partir de la simplificación de sus formas. Tanto en su escultura como en su pintura, la obra de Breuning busca representar la vida natural llevándola a su forma más simple.

Por otro lado, se exhiben las esculturas de la serie Sad Artist de Olaf Breuning que forman parte de un conjunto reciente de obras en las que el artista trabaja con bronce y cerámica: el primero es un material resistente y duradero, mientras que el segundo es un material tradicionalmente considerado más frágil. No obstante, Breuning recurre nuevamente a la cerámica para la creación de los personajes que aparecen en cada escultura. Su elección de la cerámica está fuertemente relacionado con una necesidad de trabajar directamente con el barro y acercarse a un material natural y moldeable. Estas esculturas muestran a una figura que representa a un artista, que, en palabras de Breuning, “contempla un mundo con el que intenta dialogar, pero ese mundo termina entristeciéndolo”. En la obra Broken se observa una pila de cubetas de pintura, un elemento que podría parecer una de las herramientas más comunes en el trabajo pictórico, mientas que en la parte superior se sitúa la figura pequeña de un artista sentado de espaldas a un edificio que se cae en pedazos. El personaje se encuentra en una postura de total repliegue emocional, desconsolado por ser parte de un espacio perdido. En otra escultura, titulada Stairs, se aprecia la figura de un personaje sentado sobre el último escalón que lo lleva hacia el precipicio, hacia ningún sitio, dejando ver la desesperanza del artista como personaje.

Este registro de humor se aprecia en una constelación más amplia de prácticas artísticas que, desde los años noventa y hasta aproximadamente 2000 —periodo en el que Olaf Breuning residió en Europa—, recurrieron a la ironía, el humor crítico y a la cultura popular como estrategias para interrogar la producción artística en ese momento. Es en este contexto, Breuning consolida una producción fotográfica caracterizada por la creación de fotografías escenificadas que provocaban un efecto de absurdo vinculado también con un toque lúdico. En ese momento, la fotografía en el ámbito artístico internacional se había desplazado de sus funciones estrictamente documentales, muy usadas desde los años cuarenta y hasta los ochenta, hacia enfoques más bien conceptuales y escenificados. Así, Breuning concibió la imagen como una construcción previa: una escena planificada en la que cada elemento responde a una intención específica.

En este proceso, el dibujo comenzó a ocupar un lugar importante como herramienta de pensamiento. El artista sintetiza ideas complejas de manera directa haciendo uso del dibujo para una posterior materialización fotográfica. Una selección de estos dibujos se presenta en esta exposición, permitiendo vislumbrar las operaciones conceptuales en su trabajo. Algunos de sus dibujos operan de manera independiente a cualquier otro medio con el que Breuning trabaja, pero otra parte de ellos ha servido como boceto para la creación de fotografías. Un ejemplo de ello es Don’t worry, the smile is coming back later (2007), un dibujo que muestra a un grupo de personas representadas a lo largo de distintas etapas de la vida, desde la infancia hasta la vejez. Con el humor característico de su trabajo, Breuning plantea una suerte de narrativa visual sobre el paso del tiempo: mientras el bebé y el niño aparecen sonrientes, la sonrisa comienza a desvanecerse en con el adolescente y la joven, cuyos labios tensos dan paso a un gesto de marcada seriedad. Las dos figuras posteriores, que se muestran en evidente edad laboral, son representadas con la vestimenta típica de un oficinista y una expresión completamente triste; los siguientes personajes muestran un rostro indiferente, para finalmente concluir con la figura de un anciano que recupera la sonrisa. Diecisiete años después, Breuning retoma este dibujo como punto de partida para realizar Generation (2024), una fotografía que, aunque no reproduce exactamente la misma escena, presenta a un grupo de personas de distintas generaciones sosteniendo carteles con palabras que marcan una secuencia vital: desde el “Hello!” que porta el niño, hasta el “Goodbye” sostenido por el anciano. Esta disposición de los personajes, es decir, en una hilera de figuras de pie, alineadas y mirando frontalmente al espectador, constituye un recurso compositivo recurrente tanto en los dibujos como en las fotografías de Olaf Breuning a lo largo de su trayectoria.

En sus dibujos, el artista también reflexiona, con un humor crítico, sobre ciertas dinámicas propias del mundo del arte. En este sentido, la obra My Opening representa un conjunto de copas de vino con rostros animados que parecen conversar entre sí en la sala de una galería o museo, cuyos muros exhiben obras del propio Breuning. La escena funciona así como una autorreferencia irónica a las convenciones sociales que rodean las inauguraciones de exposiciones.

En el ámbito de la pintura, Olaf Breuning presenta obras en las que reflexiona sobre la pintura misma como medio. El artista menciona que comenzó a trabajar con mayor intensidad en este campo durante la pandemia de COVID-19 a nivel global, cuando el periodo de confinamiento detuvo temporalmente su práctica fotográfica. El tiempo prolongado que pasaba en el estudio lo llevó a mirar atentamente su entorno inmediato, observar por la ventana y descubrir un paisaje boscoso que se desplegaba casi como un gran cuadro frente a sus ojos. Ese bosque, poblado de árboles, no solo le ofrecía la imagen del entorno natural, sino también la materia prima de las herramientas que más tarde usaría en su práctica pictórica: bloques de madera.

El proceso de creación de estas pinturas es atípico: de entrada Olaf Breuning talla figuras y formas en bloques grandes de madera que llena de tinta y posteriormente coloca entintados sobre la superficie del lienzo. Se trata de un trabajo muy físico que consiste en pararse sobre el bloque, colocado previamente sobre el lienzo, para presionar y que la imagen quede “impresa”. En sus primeras pinturas, Olaf también realizaba este mismo proceso para pintar el fondo, sin embargo, en la actualidad ese fondo es pintado de manera tradicional: con pincel o brocha. La reflexión de Olaf Breuning en torno a la pintura parte de la idea de que se trata de un medio muy ligado a la intuición y a la experiencia sensible. Para el artista, la pintura constituye un proceso más libre y abierto que otros medios con los que ha trabajado, como la fotografía, disciplina con la cual inició su trayectoria artística en los años noventa del siglo pasado.

Si bien la tradición histórica de la pintura se dirigió, durante siglos, a producir imágenes semejantes a la llamada “naturaleza”, fue hacia el siglo XVIII que las academias europeas consolidaron el principio de la Mímesis como un método de aproximación selectiva a lo natural. En este sentido, la obra de Breuning dialoga de manera indirecta con esa tradición europea de la pintura, pues aunque muestra un impulso por representar la naturaleza, su trabajo se manifiesta de un modo distinto al modelo académico. Sus pinturas no buscan reproducir fielmente el paisaje, sino evocar ciertos elementos del entorno natural mediante formas más simples: árboles, formaciones montañosas, arbustos, sustratos y hojas. A estos elementos se suman también fenómenos atmosféricos como la lluvia representada a partir de los nubarrones o las gotas, que aparecen en la superficie pictórica, configurando un paisaje reducido a signos que oscilan entre la representación y el gesto lúdico.

Esta exposición ofrece un recorrido por más de tres décadas de producción de Olaf Breuning, dejando ver la evolución de los marcos conceptuales que la sostienen. Lejos de plantearse como una revisión retrospectiva cerrada, la muestra ofrece una visión de la manera en la que la obra de Breuning ha dialogado con la escena artística europea de inicios del siglo XXI. Al mismo tiempo, se hace visible la transformación de su práctica a partir de su traslado a Nueva York en las últimas dos décadas, evidenciando cómo este cambio de contexto ha incidido en sus procesos, lenguajes y modos de producción.

Olaf Breuning: Violet Butterflies
Vera Castillo

For Olaf Breuning (Schaffhausen, Switzerland, 1970)—a multidisciplinary artist who explores different media, including photography, drawing, painting, and sculpture—life is the strongest impulse for the creation of his work. We get a glimpse of this stance in the exhibition Violet Butterflies, which presents some of his work in painting, sculpture, and drawing, carried out over different periods of his artistic career. In his work one can detect a special interest in the representation of natural elements, but also of human groups re-enacting scenes from everyday life, all with a touch of humor and critique, both of which have, over the years, become characteristic elements of his oeuvre.

For this exhibition, Breuning presents sculptures executed in two materials: carved stone and ceramics. The show opens with works from the series Sad and Worried Animals, sculptural pieces carved in various types of stone, such as quarry stone or American black stone, representing animals whose gestures verge on the human. Their crystalline eyes are lifted in a pleading gaze, while the corners of the lips turn distinctly downward, thereby creating an expression of contained disquiet. At this point it would seem that the animals are intuiting an imminent unraveling, outside their control over the environment they inhabit. Breuning’s starting point is the impossibility of animals’ verbally articulating the effects of the transformations that human beings have provoked in their habitats, and he therefore emphasizes bodily expressivity as a vehicle of communication. Although they seem to be subjected to an imposed destiny, the animals in Breuning's sculptures also suggest a latent agency: they participate actively by adapting to the tensions of a world traversed by economic dynamics that progressively erode the environment, and they show this through their gestures. Far from simply humanizing them, the sculptures propose an attention to corporeality that underscores a presence alluding to empathy and strangeness.

Breuning’s treatment of stone is a particularly interesting aspect of his sculptural work. Each piece is carved according to the type of animal it represents, the color and texture proper to each rock, to which he also incorporates ceramic eyes. Breuning selects stone because it is a steady, durable material in a world that changes at a hurried pace. Likewise, his points of reference include small Peruvian sculptures of animal forms carved in soapstone, as these objects represent beings by simplifying their forms. In both his sculpture and his painting, Breuning's work seeks to represent natural life by reducing it to its simplest form.

Also on view are sculptures from Breuning’s Sad Artist series, part of a recent set of pieces in which the artist works with bronze and ceramics: the former is a resistant and durable material, while the latter is a material traditionally regarded as more fragile. Nevertheless, Breuning once again turns to ceramics to create the characters that appear in each sculpture. His choice of ceramics is strongly related to a need to work directly with clay and to approach a natural, malleable material. These sculptures present a figure that represents an artist who, in Breuning’s words, “contemplates a world with which he attempts to have a dialogue, but that world ends up making him sad.” In Broken, we see a pile of paint buckets—an element that might seem like one of the most common tools in a painter’s trade—while in the upper part sits the small figure of an artist seated with his back to a building falling to pieces. The character finds himself in a posture of total emotional withdrawal, disconsolate at being part of a lost space. In another sculpture, Stairs, we see the figure of a character sitting on the last step leading him to the precipice, to nowhere, revealing the hopelessness of the artist as a character.

This humorous tone is also apparent in a broader constellation of artistic practices that, from the 1990s until approximately 2000—during which time Breuning was living in Europe—turned to irony, critical humor, and popular culture as strategies for interrogating artistic production at that time. This was when Breuning consolidated his approach to photography, which involved staging photographs to create an absurd effect using a playful touch. At the time, photography in the international art sphere had shifted away from the medium’s strictly documentary functions—widely used from the 1940s through the 1980s—toward approaches that were more conceptual and staged. Breuning thus conceived the image as a previous construction: a planned scene in which each element responds to a specific intention.

In this process, drawing began to occupy an important place as a tool for thinking. The artist synthesizes complex ideas in a direct way, using drawing for subsequent photographic materialization. A selection of these drawings is featured in this exhibition, allowing one to glimpse the conceptual operations in his work. Some of his drawings operate independently of any other medium with which Breuning works, while others served as sketches for photographs he then created. One example of this is Don’t Worry, the Smile Is Coming Back Later (2007), a drawing that shows a group of people represented across different life stages, from infancy to old age. With the humor characteristic of his work, Breuning proposes a sort of visual narrative about the passage of time: while the baby and the child are shown smiling, the smile begins to fade in the adolescent and the young woman, whose tense lips give way to a noticeably serious expression. The two subsequent figures, clearly of a working age, are represented in the typical attire of an office worker and a fully sad expression; the following characters have faces marked by indifference, finally concluding with the figure of an elderly man whose smile has returned. Seventeen years later, Breuning revisited this drawing as the starting point for Generation (2024), a photograph that, although it does not exactly reproduce the same scene, features a group of people of different generations holding signs with words marking a vital sequence: from the “Hello!” borne by the child to the “Goodbye” held by the elderly man. This arrangement of the characters—in a row of standing figures, lined up and looking frontally at the viewer—constitutes a recurring compositional device in Breuning’s drawings and photographs alike throughout his career.

In his drawings, the artist also reflects with a critical sense of humor on certain dynamics particular to the art world. In this vein, My Opening represents a set of wine glasses with animated faces that seem to be conversing amongst themselves in the hall of a gallery or a museum, whose walls exhibit works by Breuning himself. The scene thus functions as an ironic self-reference to the social conventions surrounding exhibition openings.

Olaf Breuning also presents works in which he reflects on painting itself as a medium. The artist mentions that he started working more intensively in this field during the global Covid-19 pandemic, when the period of confinement brought his photographic practice to a temporary halt. The protracted time he was spending in the studio led him to look attentively at his immediate surroundings, to gaze out the window and discover a wooded landscape that unfolded almost like a large canvas before his eyes. That verdant forest offered him not only the image of the natural environment, but also the raw material for the tools he would later use in his painting practice: blocks of wood.

Breuning’s process for creating these paintings is atypical: first, he carves figures and forms in large blocks of wood that he covers in ink before putting them on the surface of the canvas. It is a very physical activity that consists of standing on top of the block, which he previously placed on the canvas, in order put enough pressure on it to leave a “printed” image. In his earliest paintings, Olaf was also carrying out this same process to paint the background, but now that background is painted in a traditional way: with brush. Olaf Breuning’s reflection on painting proceeds from the idea that the medium is deeply connected to intuition and to sensible experience. For the artist, painting constitutes a freer, more open process than other media with which he has worked, such as photography—the discipline with which he began his artistic trajectory in the 1990s.

Although the historical tradition of painting was aimed, for centuries, at producing images resembling so-called “nature,” it was around the eighteenth century that European academies consolidated the principle of Mimesis as a method of selectively approximating nature. In this sense, Breuning’s work dialogues indirectly with that European tradition of painting, for although it shows an impulse to represent nature, his work manifests itself in a way that differs from the academic model. His paintings seek not to reproduce the landscape faithfully, but rather to evoke certain elements of the natural environment through simpler forms: trees, mountainous formations, shrubs, substrates, and leaves. In addition to these elements are meteorological phenomena like rain represented through storm clouds or drops that appear on the pictorial surface, configuring a landscape reduced to signs that swing back and forth between representation and playful gesture.

This exhibition offers a journey through more than three decades of Olaf Breuning’s work, revealing the evolution of the conceptual frameworks that sustain it. Far from presenting a closed, retrospective overview, the exhibition offers a vision of the way in which Breuning’s work has dialogued with the early twenty-first-century European art scene. At the same time, it adumbrates the transformation of his practice after his relocation to New York over the past two decades, showing how this change of context has influenced his processes, languages, and modes of production.

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Mariposas violetas de Olaf Breuning
Por Vera Castillo

Para Olaf Breuning (Schaffhausen, Switzerland, 1970) —artista multidisciplinario que explora distintos medios como la fotografía, el dibujo, la pintura y la escultura— la vida es el impulso más fuerte para la creación de su obra. Esta postura se vislumbra en la exposición Violet Butterflies, que reúne una parte de su producción pictórica, escultórica y de dibujo, llevada a cabo a lo largo de distintos periodos de su carrera artística. En su obra es posible notar un interés especial por la representación de elementos naturales, pero también de grupos humanos recreando escenas de la vida cotidiana, todo ello con un toque de humor y crítica que, a lo largo de los años, se han vuelto elementos característicos de su obra. 

Para esta exposición, Breuning presenta esculturas elaboradas con dos materiales: piedra tallada y cerámica. El recorrido comienza con obras de la serie titulada Sad and Worried Animals, obras escultóricas talladas en distintos tipos de piedra, como la cantera o la piedra negra americana, que representan animales con una gestualidad que roza lo humano. Sus ojos  cristalinos se elevan en una mirada suplicante, mientras la comisura de los labios se traza con precisión hacia abajo, creando así una expresión de inquietud contenida. En este punto pareciera que los animales intuyen un desenlace inminente, ajeno a su control sobre el entorno que habitan. Breuning parte de la imposibilidad de los animales para articular verbalmente los efectos de las transformaciones provocadas por la humanidad en sus hábitats, y por ello enfatiza la expresividad del cuerpo como vehículo de comunicación. Aunque parecen sometidos a un destino impuesto, los animales de las esculturas de Breuning sugieren también una agencia latente: participan activamente en procesos de adaptación frente a las tensiones de un mundo atravesado por dinámicas económicas que erosionan progresivamente el medio ambiente, y lo muestran en su gestualidad. Lejos de una simple humanización, las esculturas proponen una atención a la corporalidad subrayando una presencia que alude a la empatía y la extrañeza.

El tratamiento de la piedra es un aspecto particularmente interesante en la obra escultórica de Olaf Breuning. Cada pieza es tallada en función del tipo de animal que representa, el color y la textura propios de cada roca, a la que además incorpora ojos elaborados en cerámica. Breuning elige la piedra por tratarse de un material persistente y duradero en un mundo que cambia a una velocidad apresurada. Asimismo, toma como referencia pequeñas esculturas peruanas de formas animales talladas en esteatita por tratarse de objetos que representan seres a partir de la simplificación de sus formas. Tanto en su escultura como en su pintura, la obra de Breuning busca representar la vida natural llevándola a su forma más simple.

Por otro lado, se exhiben las esculturas de la serie Sad Artist de Olaf Breuning que forman parte de un conjunto reciente de obras en las que el artista trabaja con bronce y cerámica: el primero es un material resistente y duradero, mientras que el segundo es un material tradicionalmente considerado más frágil. No obstante, Breuning recurre nuevamente a la cerámica para la creación de los personajes que aparecen en cada escultura. Su elección de la cerámica está fuertemente relacionado con una necesidad de trabajar directamente con el barro y acercarse a un material natural y moldeable. Estas esculturas muestran a una figura que representa a un artista, que, en palabras de Breuning, “contempla un mundo con el que intenta dialogar, pero ese mundo termina entristeciéndolo”. En la obra Broken se observa una pila de cubetas de pintura, un elemento que podría parecer una de las herramientas más comunes en el trabajo pictórico, mientas que en la parte superior se sitúa la figura pequeña de un artista sentado de espaldas a un edificio que se cae en pedazos. El personaje se encuentra en una postura de total repliegue emocional, desconsolado por ser parte de un espacio perdido. En otra escultura, titulada Stairs, se aprecia la figura de un personaje sentado sobre el último escalón que lo lleva hacia el precipicio, hacia ningún sitio, dejando ver la desesperanza del artista como personaje.

Este registro de humor se aprecia en una constelación más amplia de prácticas artísticas que, desde los años noventa y hasta aproximadamente 2000 —periodo en el que Olaf Breuning residió en Europa—, recurrieron a la ironía, el humor crítico y a la cultura popular como estrategias para interrogar la producción artística en ese momento. Es en este contexto, Breuning consolida una producción fotográfica caracterizada por la creación de fotografías escenificadas que provocaban un efecto de absurdo vinculado también con un toque lúdico. En ese momento, la fotografía en el ámbito artístico internacional se había desplazado de sus funciones estrictamente documentales, muy usadas desde los años cuarenta y hasta los ochenta, hacia enfoques más bien conceptuales y escenificados. Así, Breuning concibió la imagen como una construcción previa: una escena planificada en la que cada elemento responde a una intención específica.

En este proceso, el dibujo comenzó a ocupar un lugar importante como herramienta de pensamiento. El artista sintetiza ideas complejas de manera directa haciendo uso del dibujo para una posterior materialización fotográfica. Una selección de estos dibujos se presenta en esta exposición, permitiendo vislumbrar las operaciones conceptuales en su trabajo. Algunos de sus dibujos operan de manera independiente a cualquier otro medio con el que Breuning trabaja, pero otra parte de ellos ha servido como boceto para la creación de fotografías. Un ejemplo de ello es Don’t worry, the smile is coming back later (2007), un dibujo que muestra a un grupo de personas representadas a lo largo de distintas etapas de la vida, desde la infancia hasta la vejez. Con el humor característico de su trabajo, Breuning plantea una suerte de narrativa visual sobre el paso del tiempo: mientras el bebé y el niño aparecen sonrientes, la sonrisa comienza a desvanecerse en con el adolescente y la joven, cuyos labios tensos dan paso a un gesto de marcada seriedad. Las dos figuras posteriores, que se muestran en evidente edad laboral, son representadas con la vestimenta típica de un oficinista y una expresión completamente triste; los siguientes personajes muestran un rostro indiferente, para finalmente concluir con la figura de un anciano que recupera la sonrisa. Diecisiete años después, Breuning retoma este dibujo como punto de partida para realizar Generation (2024), una fotografía que, aunque no reproduce exactamente la misma escena, presenta a un grupo de personas de distintas generaciones sosteniendo carteles con palabras que marcan una secuencia vital: desde el “Hello!” que porta el niño, hasta el “Goodbye” sostenido por el anciano. Esta disposición de los personajes, es decir, en una hilera de figuras de pie, alineadas y mirando frontalmente al espectador, constituye un recurso compositivo recurrente tanto en los dibujos como en las fotografías de Olaf Breuning a lo largo de su trayectoria.

En sus dibujos, el artista también reflexiona, con un humor crítico, sobre ciertas dinámicas propias del mundo del arte. En este sentido, la obra My Opening representa un conjunto de copas de vino con rostros animados que parecen conversar entre sí en la sala de una galería o museo, cuyos muros exhiben obras del propio Breuning. La escena funciona así como una autorreferencia irónica a las convenciones sociales que rodean las inauguraciones de exposiciones.

En el ámbito de la pintura, Olaf Breuning presenta obras en las que reflexiona sobre la pintura misma como medio. El artista menciona que comenzó a trabajar con mayor intensidad en este campo durante la pandemia de COVID-19 a nivel global, cuando el periodo de confinamiento detuvo temporalmente su práctica fotográfica. El tiempo prolongado que pasaba en el estudio lo llevó a mirar atentamente su entorno inmediato, observar por la ventana y descubrir un paisaje boscoso que se desplegaba casi como un gran cuadro frente a sus ojos. Ese bosque, poblado de árboles, no solo le ofrecía la imagen del entorno natural, sino también la materia prima de las herramientas que más tarde usaría en su práctica pictórica: bloques de madera.

El proceso de creación de estas pinturas es atípico: de entrada Olaf Breuning talla figuras y formas en bloques grandes de madera que llena de tinta y posteriormente coloca entintados sobre la superficie del lienzo. Se trata de un trabajo muy físico que consiste en pararse sobre el bloque, colocado previamente sobre el lienzo, para presionar y que la imagen quede “impresa”. En sus primeras pinturas, Olaf también realizaba este mismo proceso para pintar el fondo, sin embargo, en la actualidad ese fondo es pintado de manera tradicional: con pincel o brocha. La reflexión de Olaf Breuning en torno a la pintura parte de la idea de que se trata de un medio muy ligado a la intuición y a la experiencia sensible. Para el artista, la pintura constituye un proceso más libre y abierto que otros medios con los que ha trabajado, como la fotografía, disciplina con la cual inició su trayectoria artística en los años noventa del siglo pasado.

Si bien la tradición histórica de la pintura se dirigió, durante siglos, a producir imágenes semejantes a la llamada “naturaleza”, fue hacia el siglo XVIII que las academias europeas consolidaron el principio de la Mímesis como un método de aproximación selectiva a lo natural. En este sentido, la obra de Breuning dialoga de manera indirecta con esa tradición europea de la pintura, pues aunque muestra un impulso por representar la naturaleza, su trabajo se manifiesta de un modo distinto al modelo académico. Sus pinturas no buscan reproducir fielmente el paisaje, sino evocar ciertos elementos del entorno natural mediante formas más simples: árboles, formaciones montañosas, arbustos, sustratos y hojas. A estos elementos se suman también fenómenos atmosféricos como la lluvia representada a partir de los nubarrones o las gotas, que aparecen en la superficie pictórica, configurando un paisaje reducido a signos que oscilan entre la representación y el gesto lúdico.

Esta exposición ofrece un recorrido por más de tres décadas de producción de Olaf Breuning, dejando ver la evolución de los marcos conceptuales que la sostienen. Lejos de plantearse como una revisión retrospectiva cerrada, la muestra ofrece una visión de la manera en la que la obra de Breuning ha dialogado con la escena artística europea de inicios del siglo XXI. Al mismo tiempo, se hace visible la transformación de su práctica a partir de su traslado a Nueva York en las últimas dos décadas, evidenciando cómo este cambio de contexto ha incidido en sus procesos, lenguajes y modos de producción.

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