Framed in Memory
James Benjamin Franklin
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James Benjamin Franklin. Enmarcado en la memoria

por Esteban King Álvarez

 

La primera exhibición individual de James Benjamin Franklin en México está compuesta por dos cuerpos de obra recientes. En primer lugar, se exponen una serie de piezas que el artista confecciona desde el soporte y hasta la última capa material, así como diversas pinturas realizadas directamente sobre papel.

Después de una producción predominantemente figurativa, en la que exploraba escenas e interacciones humanas de la vida cotidiana con una fuerte carga autobiográfica, Benjamin Franklin ha dado un giro radical en los últimos cuatro años hacia obras que se distinguen por la experimentación con distintas técnicas y materiales. Este cambio va de la mano del distanciamiento del artista de los grandes centros urbanos a la ciudad Detroit, ruina de la modernidad fordiana que se caracteriza por su entorno de soledad y calma.

El primer cuerpo de obra que se exhibe en Proyectos Monclova lo conforman pinturas que Benjamin Franklin construye en su totalidad. La base de dichas piezas está constituida por tiras de yeso moldeadas, lo que le permite configurar un soporte distinto para cada obra. Los bordes de estas superficies onduladas, doblados hacia adentro, le otorgan a los trabajos una cualidad escultórica y artesanal. Más que una delimitación cuadrangular en el sentido del “marco”tradicional, las pinturas existen en un espacio que puede ser entendido como un contenedor. Esta cualidad le permite al artista utilizar cada superficie como un depósito donde experimentar con distintas materialidades y procedimientos, al tiempo que enfatiza el carácter objetual de la pintura.

Sobre esta primera base escultórica, Benjamin Franklin utiliza telas y materiales con las que explora la dimensión háptica del espacio pictórico. La multiplicidad de soluciones que aparece en estas piezas da cuenta de la extensa investigación que el artista ha realizado en este sentido. En particular, muchas de ellas contienen distintas telas que funcionan como un material crudo con que explorar el comportamiento de la pintura. Finalmente, las obras terminan por constituirse a partir de la aplicación de capas y capas de pintura con distintos métodos, por lo que su obra puede caracterizarse como una pintura-construcción, donde siempre se suman, como en un trabajo arquitectónico, estratos de distintos elementos.

El prolongado tiempo de trabajo que el artista ocupa para la creación de cada pieza, le da una profundidad y presencia distintiva a cada una. El resultado del proceso —siempre abierto a la incertidumbre y la intuición— son obras con diferentes formas y texturas, sensaciones matéricas y construcciones espaciales en las que el margen se convierte en un contenedor figurado a partir de vivencias y memorias. Las obras rebasan sin embargo la voluntad del artista y terminan por detonar asociaciones libres e inconscientes en quien las mira, por lo que pueden devenir en una experiencia mesmerizante o reveladora. De ahí que el título de la muestra aluda a estos trabajos como aquello que yace Enmarcado en la memoria.

Algunas de las piezas tienen reminiscencias de paisajes, que sin embargo se pueden asociar también con las construcciones formales de Alexander Calder. Este es el caso de una puesta de sol luminosa habitada al mismo tiempo por una presencia oscura y ominosa. En otras más, se adivinan figuras antropomorfas y biomórficas, como una reunión de personas, un insecto y una flor, aunque siempre queda un resquicio de duda, de misterio, sobre qué es exactamente lo que estamos observando. De igual forma, existe en ellas un marcado interés por la manera en que interactúan superficies, texturas y colores. Este es el caso de la contraposición que genera, por ejemplo, una pintura de spray dorada —que se asemeja a la aplicación de hoja de oro o de un estampado— con un verde de cualidades fluorescentes.

El otro cuerpo de obra está conformado por pinturas sobre papel, donde también priman la experimentación matérica y formal en el ámbito compositivo. Pintadas mayormente desde el plano horizontal, estas obras se asemejan a los ejercicios que desarrollaba David Alfaro Siqueiros en el Experimental Workshop de NuevaYork en 1936, los cuales tuvieron un impacto decisivo en la obra de Jackson Pollock. El legado de este último pintor, así como del movimiento expresionista abstracto desarrollado en Estados Unidos durante la posguerra, es constatable en estas piezas. La inclusión de arena y otros materiales, por su parte, remite a la obra de otros artistas del mismo periodo, como Antoni Tàpies o JeanDubuffet, y al uso de elementos extra pictóricos que no provienen de la gran tradición de la pintura occidental.

Estas piezas están construidas a partir de una especie de “voluntad” de la materia—de su libre movimiento y solidificación, de su peso y relación con la gravedad—, detonada por los diferentes gestos que ejecuta el pintor. En muchos casos, son las superficies interrumpidas o quebrantadas las que generan las imágenes. Esto le confiere a las obras un carácter experimental en el sentido estricto del término: como una operación en la que se echa a andar un proceso sin poder determinar de antemano el resultado final.

En conjunto, entre las formas geométricas, texturas, patrones, telas, chorreados y campos de color, las obras sobre papel y los cuadros-no-cuadrados crean una tensión entre el campo figurativo y abstracto, y lanzan una interrogante sobre la forma en que miramos; es decir, no sólo lo que vemos en ellas, sino cómo las vemos y nos acercamos a su contenido. La gran cantidad de elementos que las conforman propician un sinfín de asociaciones que sería difícil limitar o circunscribir en una sola dirección; por el contrario, nos invitan a explorarlas posibilidades lúdicas que conlleva el acto de observar.

La pintura de James Bejamin Franklin funciona como un espacio reflexivo que devuelve y devela la mirada. En este juego de miradas y memorias, el artista nos convoca a entrar a su colorido mundo y a deambular y perdernos en su obra, al tiempo que la materia contenida en ella nos interpela como un extrañamiento sobre el entorno cotidiano y una interrogante por la forma en que lo percibimos.

James Benjamin Franklin. Framed in Memory

by Esteban King Álvarez

James Benjamin Franklin's first exhibition in Mexico comprises two recent bodies of work. The first is a series of pieces that the artist crafts in their entirety, from the physical support structure to the final layer of material; the second consists of different paintings done directly on paper.

After working in a predominantly figurative mode, in which he explored human scenes and interactions from everyday life that had strong autobiographical undertones, Benjamin Franklin has taken a radical turn in the last four years toward works that are characterized by experimentation with different techniques and materials. This change coincides with the artist's relocation from major urban centers to Detroit, a ruin of Fordian modernity characterized by a solitary, calm setting.

The first body of work on display at Proyectos Monclova consists of paintings that Benjamin Franklin has made in their entirety. He builds the base of these paintings using strips of molded plaster, which allows him to shape a different support structure for each piece. The edges of their rippled surfaces curl inward, giving the works a sculptural, handcrafted quality. Rather than being delineated by a traditional rectangular "frame," the paintings exist within a space that can be understood as a container. This quality enables the artist to use each surface as a stratum upon which to experiment with different materialities and procedures, while at the same time emphasizing the painting's status as an object.
On top of this initial sculptural base, Benjamin Franklin uses fabrics and materials to explore the haptic dimension of pictorial space. The variety of solutions embodied in these pieces indicates the extensive research that the artist has undertaken. In particular, many of them contain different fabrics that function as a raw material with which to explore how paint behaves. The works are then completed by using different methods to apply layer upon layer of paint, as a result of which his work can be characterized as a hybrid between a painting and a building, in which, like in a work of architecture, strata made up of different elements are added one on top of the other.

The prolonged time needed to create these pieces gives each of them a distinctive depth and aura. The results of the process —always open to uncertainty and intuition— are works characterized by different shapes and textures, material sensations, and spatial constructions in which the contour of the piece's edge becomes a container figured forth out of experiences and memories. The works themselves nevertheless transcend the artist's own will and end up triggering free, unconscious associations in anyone who gazes at them, as a result of which encountering them can be a mesmerizing or revelatory experience. The title of this show thus nods to these works as being Framed in Memory.
Some of the pieces recall landscapes, but can also be associated with the formal constructions of Alexander Calder. Such is the case of a luminous sunset that is nevertheless haunted by a dark, ominous presence. In others, one can discern anthropomorphic and biomorphic figures —a gathering of people, an insect, a flower— although there is always a hint of doubt, a mystery about what exactly we are seeing. Similarly, they reveal a noticeable interest in the interaction between surfaces, textures and colors. This is the case of the counterpoint generated, for example, by a painting made with gold spray paint —resembling the application of gold leaf or embossing— with an almost fluorescent green.

The other body of work consists of paintings on paper, in the composition of which the artist has prioritized material and formal experimentation. Painted mostly using a horizontal plane, these works bear some similarity to the exercises developed by David Alfaro Siqueiros at the Experimental Workshop in New York in 1936, which had a decisive impact on the work of Jackson Pollock. The latter's legacy, as well as that of the abstract expressionist movement that developed in the United States during the postwar period, are evident in these pieces. The use of sand and other materials recalls the work of other artists from the same era, like Antoni Tàpies and Jean Dubuffet, as well as the use of extrapictorial elements that do not derive from the grand tradition of Western painting.

These pieces are constructed on the basis of a sort of "will" in the material —its free-flowing movement and solidification, its mass and relationship to gravity— as manifested by the different gestures enacted by the painter. In many cases, interrupted or broken surfaces are what generate the images. This lends these works an experimental character in the strict sense of the term: as operations in which a process is undertaken without knowing the final outcome in advance.
Taken together as an ensemble of geometrical forms, textures, patterns, fabrics, drippings, and color fields, the works on paper and the non-rectilinear paintings create a tension between the figurative and abstract fields, and pose a question about our ways of looking; that is, they ask not only what we see in them, but how we look at them and approach their content. The many elements that comprise them generate myriad associations that would be difficult to constrain or channel in a single direction. On the contrary, they invite us to explore the ludic possibilities that accompany the act of observation.

James Benjamin Franklin's painting functions as a reflexive space that both returns and unveils the gaze. In this interplay of gazes and memories, the artist invites us to enter his colorful world, to wander around and get lost in his work. At the same time, the matter contained in them interpellates us by estranging us from our everyday surroundings and questioning us about the way we perceive.

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